domingo 1 de enero de 2012

FOGATA DE LEÑO VERDE



Por: MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Este paraíso de sombras y silencios que nos inunda de tristezas... esta salvado por un barquito de papel en el mar de las indiferencias.
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Tanta tristeza en la mirada hace creer que somos huérfanos de paz. Pero aun con la voz manchada y los huesos temblando somos capaces de reír.
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En otra tarde, en otro cielo, en otro rostro, hay otra mirada triste... no solo nosotros lloramos nuestros muertos. Ellos lloran sus penas.
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Si todas las heridas en el corazón, de todos los heridos por la violencia fueran huéspedes de la paz por un momento...
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Tanta ceniza de muerto, tan muerte sin duelo, tanta tristeza sin sentido, tanta lágrima al vuelo, para nada. Corazones de piedra, amén.
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Y nos van quedando las canciones tristes de una tierra sembrada de huesos. Pedazos de cielo sin emociones, de patria sin orgullo.
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Que las palabras reclamen a los corazones la indiferencia de sus actos. Que la paz perdida se deje ver entre los rostros de la indiferencia.
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Todo diálogo roto, toda pérdida, toda disolución, todo grito de rabia... nos condena. La paz que nos titirita arde en fogatas de leño verde.
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Los delirios de los guerreros terminan en fosas de cementerios sin epitafios. Frente a la guerra de los tontos, los ruegos son inútiles.
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Mis palabras no dicen nada, ni son nada. Mis miedos no son nada y a nadie le importan. En otro Universo mi clamor de paz tendría eco y amigos.
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La sangre derramada por mis mayores es tan grande como el miedo de mis noches. Y no crecerá la paz en esta pesadilla de miedos. Urge la paz.
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La paz no existe por aquí. Es palabra incierta, polvo de ilusos, cielo de condenados. La paz es una lluvia de fábulas sin nombre y sin amor.

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Este país no tiene miedos, tiene silencios que es distinto. Los ruidos de la guerra ahogan todas las ausencias y todos los horrores.
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No es que me duelan los muertos ajenos. Es que cuando matan uno de nosotros, a un hermano colombiano, morimos de vergüenza nosotros mismos.
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NO hace falta que hablemos cuando hay llanto en el cementerio por el cielo extraviado y las flores de la paz están ya marchitas.
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Comenzamos a flotar en noches manchadas. A vender ilusiones por la paz como milagros en papeles de colores. Sin palomas ya no hay esperanza.
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Te he traído el pan al desayuno una y otra vez, te he colocado frutos en la mesa una y otra vez...Pero tú, no alimentas mi paz, ¿entonces?
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 Este país de vagones sin conductor, de rieles sueltos y pitos ahogados. De esperas mutiladas y muertos en el río... era un sueño.
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Este país tiene muchas ventanas y en cada una de ellas hay un paisaje distinto. Hoy quiero ver esa de lágrimas tristes que lo inunda todo.
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Este país no tiene miedos, tiene silencios que es distinto. Los ruidos de la guerra ahogan todas las ausencias y todos los horrores.
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Nuestro miedo no tiene boca para decir. Nuestra boca no tiene ilusiones para sembrar un árbol de paz. ¿Vocación de paz sin alma y sin manos?
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No nos alcanza la sonrisa para vislumbrar días de paz. Somos niños amamantados por noticias de violencia, con bastones de viejos ciegos.
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Somos ciegos pero el fantasma del olvido no vuela en nuestra historia. Somos indiferentes pero los huesos de nuestros muertos están allí.
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Embriagados. Ebrios de miedo. Con la mirada escondida. Sin sueños, pero tristes por el pasado. Mi alma en la jaula de un país en guerra.
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El silencio ha sido el escondite. Hacernos los ciegos ha sido la solución. Quejarnos por la in-eficiencia de los otros ha sido el escape.
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Cabalgamos en potros de miedo. Esquivamos miradas a escenas de miedo. No hacemos nada contra la violencia por miedo. El miedo nos ilumina.
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Matan a uno y resoplamos. Un muerto es una luz que enceguece la ira. Un insecto molesto para nuestra viva indiferencia.
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El miedo todo lo consume: las flores y los cielos azules. Incluso la ilusión de ver la sonrisa de un niño viviendo en un país sin guerras.
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Nos perdemos en palabras buscando la paz. Nos perdemos en cenizas, cementerios y utopías. En noches de miedo y amaneceres con promesas.
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Un niño eleva sus manos hacia el cielo, y pide limosna... Sin paz en su corazón y con hambre en sus días no le importa la paz en la tierra.
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Callan la muerte y gritan la fiesta. Desdibujan la realidad. Calla el aleteo de las palomas y se pierde el miedo en noches de carnaval.
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Hay una zozobra en el aire, en la memoria un vuelo de palomas vencidas. En la calle una lágrima viva, enorme, rodando por el país.
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Esquivamos las escenas de miedo. No hacemos nada contra la violencia por miedo. El miedo nos ilumina todo, hasta las esperanzas de la paz.
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Las marchas por la paz son gestos sin apellido. Actos sociales inocuos, mariposas volando sobre flores de papel. La nada en el aire viciado.
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Los manifiestos por la paz son pensamientos sin sombra, días de fiesta que vuelan al infinito buscando una lágrima, pero nadie se conmueve.
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Cuando aparecen los muertos aparecen los lamentos como moscas. Los zumbidos del miedo nos acorralan, nos mojan. El dolor de otros abruma.
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El miedo a la paz no puede ser un encanto eterno. Algún día una mariposa sobre la flor del horizonte nos muestre el brillo hermoso de la paz.
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Indiferentes hemos visto morir a miles por la televisión. Ha sido como ver podar el pasto. A pesar del lamento de los grillos, nada pasó.
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Pueda que algún corazón palpite con el escándalo de la sangre de la guerra fratricida que llevamos, y pueda que no todos seamos indiferentes.
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Alguna voz interior nos dice que al otro lado hay resplandores, mundos en paz. Pero en la orilla de la indiferencia el corazón también late.
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Se miran los cementerios, las flores y las viudas, nos estremecemos, nos lamentamos pero nada. La Nada nos tiene bajo su sombra.
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* En una canción todas las esperanzas. En una marcha por la paz todas las apuestas. En el horizonte, el miedo abre sus alas con hilos finitos.
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Todo miedo es impronunciable, muerde, corroe y hasta quema cualquier viento de esperanza. Somos harina de miedo y sal sin esperanzas.
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Quiero un amor que me camine por debajo de la piel, que me saque de las cenizas de la indiferencia y me haga suspirar por la paz. ¿Mucho pedir?
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Nada de sacar banderas por la paz. Hay que sembrar banderas por la esperanza. El amor no se iza ni proclama, se hace, se vive y se siembra.
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Silencio, hay una herida en duelo. Silencio, silencio que hay lágrima presente. Silencio silencio que esta noche es hondo el dolor de patria
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Fueron días felices sobre la hierba de espejismos inciertos. Ahora que he visto el dolor en la mirada de otros, las palabras se apagan.
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